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La Decepción de Osvaldo Rosales

Diario El Mercurio 31/7/2001

Cindy Rivera M.

Julio no fue un buen mes para Chile en el marco de los tratados de libre comercio que negocia simultáneamente con Estados Unidos y la Unión Europea.

Los encuentros que se realizaron en Santiago con ambos bloques, por separado, dejaron a las autoridades chilenas con la sensación de que su postura aperturista fue muy mal recompensada.

En materia de desgravación arancelaria, el avance con Estados Unidos prácticamente se redujo a la consolidaron de algunos beneficios ya existentes. Incluso, los negociadores del país del norte consideran como "productos sensibles" a las uvas, el vino y el salmón. Es decir, a Estados Unidos le interesa proteger justamente los bienes que son prioridades para los exportadores chilenos.

Nuevas instancias de negociación vienen en agosto y septiembre. Si a esa fecha Estados Unidos no ha sido más concreto en sus propuestas, difícilmente habrá acuerdo antes de fin de año, sostiene el director de Relaciones Económicas Internacionales, Osvaldo Rosales.

- ¿Cómo evalúa las últimas conversaciones con Estados Unidos?

- Hay que destacar que ya estamos con ofertas de desgravación de bienes sobre la mesa y ése es un avance sustantivo y sin retorno. Sin embargo, entrando en detalle, se trata de una oferta preliminar y sujeta a perfeccionamientos. La economía chilena es una de las más abiertas del mundo, con aranceles parejos y escasas barreras no arancelarias, de modo que cuando hay presentación de ofertas es habitual que la propuesta chilena sea más aperturista y liberalizadora que la de la contraparte. Eso pasó en este caso.

- ¿El resultado es decepcionante?

- Esperábamos una propuesta un poco más agresiva. Ahora bien, la economía norteamericana es bastante abierta y un porcentaje elevadísimo de sus aranceles está en cero, ya sea por trato de nación más favorecida o por sistema generalizado de preferencias. Pero hay un punto de partida desde el cual se evalúa la oferta y nosotros la estamos evaluando en términos de apertura efectiva.

- ¿Hubo reducciones arancelarias reales?

- La oferta arancelaria norteamericana consolida la mayoría de nuestros productos que ya están en el sistema general de preferencias y esa una muy buena noticia. Sin embargo, dentro del subconjunto de productos que hoy están con arancel positivo, hay avances menores.

- ¿Qué productos, por ejemplo?

- En el área de lo que Estados Unidos llama productos sensibles, se encuentran ni más ni menos que las uvas, los vinos y los salmones. Eso ratifica que esta es una oferta inicial, porque evidentemente nosotros aspiramos a que esos productos - emblemáticos para el país- mejoren sus condiciones de acceso al mercado norteamericano.

- ¿Cuál es el paso siguiente?

- El compromiso es que a fines de agosto cada parte defina categorías de desgravación, plazos y tipos de bienes. Y junto con eso, que agregue un listado de las prioridades en materia de acceso. Ahí nosotros dejaremos claro que nos interesa que nuestras estrellas de exportación tengan un buen trato. La contraparte hará lo mismo y habrá un proceso más afinado para comenzar las negociaciones en la reunión de septiembre.

- ¿Cuándo habrá acuerdo?

- En ese punto hemos sido muy cuidadosos porque no queremos generar expectativas excesivas. Han sido el presidente George Bush y su representante de comercio, Robert Zoellick, quienes se han comprometido para que en diciembre cerremos el acuerdo. Para nosotros esa sería una noticia espectacular, pero falta mucho trabajo, no sólo en materia de acceso de bienes, sino también en temas como servicios e inversiones. También estamos conscientes del particular momento político que vive Estados Unidos.

- ¿Cómo influye en la negociación?

- Es evidente que el tema comercial no encabeza la agenda de prioridades del presidente Bush y que, por otra parte, desata pasiones intensas en el Congreso norteamericano. La asunción del senador Max Baucus como titular del Comité de Finanzas del Senado le ha dado un rol bastante determinante en la discusión. Además, a la administración Bush se le presenta un desafío mayor ante el eventual lanzamiento de una ronda de negociaciones de la OMC, en Qatar, en noviembre próximo, y uno entiende que buena parte de la energía y del capital político lo estén reservando para esa ocasión. La preocupación que le hemos planteado a nuestra contraparte es que se puedan reducir las energías para tomar decisiones políticas relacionadas con nuestra negociación.

- ¿Duda que al término del año haya buenas noticias?

- Para que efectivamente cerremos un acuerdo en diciembre se requiere que Estados Unidos tome algunas decisiones ahora. La idea es que en la ronda de septiembre podamos avanzar en materia de acceso de bienes y realizar el intercambio de listas de servicios, compras públicas e inversión. En términos técnicos, eso significa que la contraparte, por lo menos en el caso de los servicios, tiene que definir adecuadamente su lista de reservas y el grado de compromiso que se va a adoptar a nivel subfederal. Sin esos elementos, es muy difícil conocer qué estamos negociando.

- ¿Quedaron garantizados los productos sensibles chilenos?

- En nuestra relación bilateral con Estados Unidos, sólo el 3% del universo de productos corresponde a productos sensibles, que van a ser resguardados adecuadamente. Pero la estrategia de negociación no podía estar condicionada exclusivamente a un porcentaje tan reducido de nuestro comercio. Menos si estamos intentando abrir mercados y no sólo asegurar una presencia para actuales exportadores, sino también para quienes puedan desarrollar un potencial exportador.

- ¿Qué puede comentar sobre la pasada negociación con la Unión Europea (UE)?

- Primero, que era una oferta inicial. En segundo lugar, es sabido que el sector agrícola de la UE tiene un trato especial y que, por lo mismo, es un aspecto delicado en esta negociación. Es necesario aclarar que tanto con ese bloque como con Estados Unidos hemos sido abiertos y aperturistas - porque es nuestro sello- , pero tampoco presentamos una oferta ingenua. En ambos casos planteamos que la desgravación en productos agrícolas opere sólo cuando no haya subsidio de por medio. No podríamos desgravar productos subsidiados que vengan a competir con los nuestros.

- ¿La oferta de la UE tampoco cumplió las expectativas de Chile?

- El aporte neto de la UE en materia de desgravación es reducido e inferior a nuestras expectativas. Tanto con ese bloque como con Estados Unidos tenemos cierta discrepancia en torno al punto de partida que se considera para evaluar las propuestas. Nuestro objetivo es consolidar el sistema general de preferencias que ya tenemos con Europa y Estados Unidos y, desde ahí, avanzar.

Por Cindy Rivera M.

El Molesto Dumping

- ¿Continúa la inflexibilidad de Estados Unidos frente al tema antidumping?

- Chile es parte activa del club de países que, en la OMC, está trabajando para que ese tema se discuta en la ronda de Qatar, en noviembre próximo. Tenemos puntos de vista distintos con Estados Unidos y hasta ahora no hemos detectado flexibilidad sustantiva de su parte.

- ¿Qué más se puede esperar de Estados Unidos?

- Creo que hay que ser realistas. Nadie puede esperar que Estados Unidos elimine su legislación antidumping por una negociación bilateral, cualquiera sea la contraparte. Ni siquiera con el ALCA. Ese tema se resolverá sólo en el ámbito de la OMC. Sin embargo, de un acuerdo bilateral que se dice es de última generación, lo mínimo que uno puede esperar es un trato distinto.

- Hay varios mecanismos que le podrían facilitar bastante la vida a nuestros exportadores. El sector de las frambuesas congeladas vende a Estados Unidos US$8 millones y no es descartable que el costo total de su defensa frente a las acusaciones de dumping exceda el millón de dólares, lo que es absolutamente desproporcionado.

- La enmienda Byrd estimula con dinero las acusaciones antidumping. ¿No indica eso que Estados Unidos no quiere flexibilizar su postura?

- Efectivamente, porque si se determina que hay dumping, los recursos recaudados por la sobretasa se reparten entre quienes hayan hecho la acusación. Y ese es un estímulo no sólo a los productores norteamericanos, sino a sus abogados. Ahí hay un gran negocio.

- ¿Qué está haciendo Chile frente a eso?

- La enmienda Byrd es un tema que bilateralmente no tenemos cómo resolver. Por eso hemos recurrido a la instancia pertinente, que es la OMC. En conversaciones que tuvimos en octubre del año pasado con la ministra de Comercio norteamericana, Charlene Barshefsky - antes que asumiera Robert Zoellick- le manifestamos que la enmienda Byrd, que en ese momento se había aprobado recientemente, nos parecía una transgresión en espíritu y forma a la OMC y que en el momento de implementarse, nosotros íbamos a evaluar la posibilidad de un panel. Y eso es lo que estamos haciendo. La iniciativa la tomó la UE, y hay otros buenos aliados.

- En todo caso, la autoridad norteamericana ha abierto un período de consultas previo a la implantación de la enmienda. No sé qué va a pasar, pero creo que Estados Unidos tiene muy claro que existe presión de un número muy alto de países para que en la ronda de Qatar los mecanismos antidumping estén en la agenda. Robert Zoellick entiende estas inquietudes, pero al mismo tiempo está presionado internamente por el senador Baucus. En ese escenario se tiene que mover la administración norteamericana.

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