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17 de julio, 2026

La productividad también tiene rostro de mujer

Rosario Navarro, presidenta de SOFOFA 

Cada vez que hablamos de empleo, productividad o crecimiento, solemos partir por las cifras. Y claro que importan. Hoy Chile enfrenta un desempleo de 9,4%, el más alto en cinco años. La informalidad ya alcanza al 27% de quienes trabajan y, una vez más, afecta con más fuerza a las mujeres.
Pero detrás de cada porcentaje hay realidades humanas que nos tienen que conmover. Una mujer que lleva meses buscando un trabajo sin éxito o una madre que rechaza una entrevista porque no tiene con quién dejar a sus hijos. Una técnica o una profesional que necesita aprender nuevas herramientas, pero no cuenta con el tiempo o los recursos para hacerlo.
Cuando esas historias se repiten constantemente, dejan de ser casos individuales. Se convierten en un problema para el país.
Porque la productividad no es un concepto reservado para economistas. La productividad es, en su esencia, aprovechar el talento a su máximo potencial. Es reducir los obstáculos que impiden trabajar. Es liberar tiempo para crear, innovar, aportar y es hacer mejor las cosas.
Con esa convicción, en SOFOFA presentamos Trabajo 3×3, una hoja de ruta con un horizonte claro: tres ejes, tres compromisos y tres años para avanzar hacia un Chile que vuelva a crecer generando oportunidades.
El primer eje es el desarrollo de capacidades. Nos propusimos que un millón de trabajadores se formen en inteligencia artificial y competencias digitales, ampliando el programa Hazlo con IA. No porque la tecnología vaya a reemplazar a las personas, sino porque las personas que sepan usarla tendrán más oportunidades. Hoy las tareas cambian rápido y debemos prevenir que alguien quede fuera del mercado por no haber tenido acceso a esa actualización.
El segundo eje es recuperar la inversión. Porque detrás de cada proyecto que se concreta hay empleo, innovación y desarrollo local. Cada permiso que demora es una oportunidad que se posterga para miles de familias. Chile necesita volver a ser un país donde invertir sea posible y donde los proyectos puedan transformarse en trabajo.
El tercero es construir una regulación laboral que dialogue con la vida actual. Avanzar en contratos por hora, bandas horarias más flexibles y un nuevo sistema de indemnizaciones no buscan precarizar el empleo; buscan reconocer que las trayectorias laborales ya no son iguales para todos. Las personas cambian, las necesidades y el trabajo también.
Y si hay un lugar donde esa necesidad se hace especialmente evidente es en el empleo femenino.
Hoy, sólo un poco más de la mitad de las mujeres en edad de trabajar participa del mercado laboral. La brecha con los hombres es cercana al doble del promedio de la OCDE. No es un problema de capacidades. Es un problema de condiciones.
Por eso hemos insistido en modernizar la ley de salas cuna y eliminar el requisito de veinte trabajadoras para acceder al beneficio. Una norma creada para proteger terminó generando un incentivo equivocado que muchas veces dificulta la contratación femenina. Corregir esa distorsión no es una discusión ideológica; es abrir oportunidades reales para miles de mujeres.
Con la misma convicción impulsamos iniciativas como +Mujeres +Futuro, que acerca a estudiantes de la educación técnico-profesional al mundo productivo y las animan a ingresar a sectores donde hoy siguen siendo una minoría. No porque existan trabajos para hombres y trabajos para mujeres, sino porque Chile no puede darse el lujo de desperdiciar talento.
Trabajo 3×3 tiene una meta exigente: contribuir a la creación de 500 mil empleos en tres años.
Pero más allá de cualquier indicador, hay una convicción que guía este esfuerzo. El crecimiento económico ocurre cuando una persona encuentra trabajo. Cuando una madre puede volver al mercado laboral sin tener que elegir entre su desarrollo y su familia. Cuando una joven descubre que sí tiene un espacio en la industria. Cuando el talento encuentra las condiciones para desplegarse.
Ese es el país que queremos construir. Uno donde la productividad deje de ser una palabra técnica y se transforme en un mejor desempeño para las empresas, y, principalmente, más oportunidades para las personas.
Columna publicada en Revista Nosotras